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Cables



El cardiólogo quiere detectar en qué momentos aparecen tus arritmias. Así que ordena que te instalen un aparatito externo (*) que registrará en un chip todos tus latidos y que deberás usar por 24 horas. Es una cajita pequeña que te atan a la cintura y de la que salen varios cables que se cruzan por tu pecho. No suena, no vibra, no se recalienta. Parece inofensivo.... pero ¿lo es?

—Esteeee... ¿y qué cuidados debo tener con esto, doc? ¿hay algo que no pueda hacer?
—Naaaa, tranquilo.... Haz de cuenta que no lo tienes puesto. Puedes hacer tu vida normal.

Miente. Los médicos nunca te dicen todo. No les conviene, porque se alargaría la consulta y lo que quieren es que te vayas rápido para atender a los otros pacientes (rápido también) y así poder irse a casa temprano. Y no seas criticón, ah, porque si tú estuvieras en su lugar harías lo mismo. Pero, la verdad, hay varias cosas que no podrás hacer mientras tengas ese dispositivo adherido a tu cuerpo...

Para empezar: Si no quieres que los demás se enteren  (para que no se preocupen innecesariamente) resígnate a lucir mal. No podrás usar tu camisa tonera (la que te queda pintada), porque los siete electrodos con sus cables enrollados y amarrados con esparadrapo, formarán extraños bultos bajo la tela. Así que mejor ponte algo que te quede enorme. Como tu chompa amarilla (la fea), que es más costal que ropa. O la casaca grandaza que ya ibas a regalar. Y encorva tus hombros hacia adelante. Y usa lentes oscuros. Y, si puedes, nariz postiza. No vaya a ser que alguien te reconozca y le diga a todo el mundo que te ha salido una joroba en el pecho. 

No te acerques a ningún policía. Es peligroso. Notará que escondes algo y te podría pedir que te desabotones la camisa. Y verá los cables, la cajita, gritará "¡hombre bomba!" y serás famoso. Pero no de la forma en que soñaste.

¿No quieres preocupar a tu pareja? Eso es lo más fácil. No se vean ese día. Invéntate algo (total, para las excusas eres experto, ¿o no?)

¿Tu mamá está bajoneada y necesita un abrazo? Ni se te ocurra. Porque las madres son más bravas que los policías y las parejas y no se les escapa nada, notará que llevas algo y te preguntará qué escondes bajo la chompa. Tú tratarás de explicarle, "es que el cardiólogo me ordenó que use esto por 24 horas...", y ella no querrá escuchar más y se quedará solo con las palabras "cardiólogo" y "24 horas" y pensará que te queda solo un día de vida y se armará la telenovela. Así que, por esta vez, de lejitos no más. Es mejor parecer un hijo malo que uno moribundo.

No puedes bañarte. Así que trata que la cita con el cardiólogo sea en invierno y no en verano. Y ese día sólo podrás lavar tus coyunturas y tus pies en el lavadero, haciendo malabares para que no salpique mucho, porque ni los cables ni el equipo son impermeables. Ni tuyos. Ni baratos.

Pica. Pero no te rasques porque podrías despegar los electrodos. No saltes, ni te agaches, ni gires el torso, ni hagas movimientos bruscos, ni levantes mucho los brazos, ni... Mira, mejor no te muevas. Si puedes evitar respirar, perfecto. Pero si de todas formas tienes que ir por aquí o hacia allá, ni se te ocurra subirte a un ascensor atestado o a un bus en hora punta. Porque cada vez que alguien te roce un poco te entrará la noica y jurarás que te han arrancado los electrodos, el equipo y el pellejo. 

No te preguntes quiénes usaron ese aparato antes que tú. Porque si lo haces te pondrás a buscar las huellas de otras personas en los cables y correas. Y, créeme, las encontrarás. Y luego te preguntarás si ese cinturón elástico negro, que sujeta la cajita sobre tu panza, ha sido lavado alguna vez. Y solito te responderás: Que no. Y entonces sabrás que su color original no era negro.

¿El doctor te dijo que podías dormir con normalidad? Mintió. Ya verás en la noche. No podrás girar sobre el colchón ni acurrucarte ni voltearte porque, aunque te hayan prometido que los cables no se te van a despegar, estarás tieso, como momia, por si acaso, mirando el techo de tu cuarto, buscando monstruos en las sombras, sin atreverte a cerrar los ojos para evitar las pesadillas. Porque las tendrás. ¿Sabes cuál es fija? La del pulpo electrónico que te apachurra. Otra: Gusanos gigantes se te meten al pecho. Otra: No son cables, son tus tripas. Otra: El Enterprise-D ha sido destruido, te han atrapado los Borg, y han empezado a asimilarte. Otra: Es una bomba que se activa con el despertador. Y un montón de esas. Así que mejor mantén los ojos abiertos. No vaya a ser que despiertes oliendo a cables chamuscados... si es que despiertas.

Resiste. Aguanta la picazón, la incomodidad y el asco. Es sólo por un día. Hay peores cosas en la vida. Como que un cable se te salga, por idiota, y tengas que repetirlo todo, un día completo, otra vez.

(*) Monitor holter, un electrocardiógrafo portátil.

Pablo Ignacio Chacón (c) Todos los derechos reservados


Pablo Ignacio Chacón Blacker 

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